Durant la Guerra Civil, la família Beneyto va viure en Estacasa amb vistes a la plaça de la Mare de Déu, un habitatge requisat que els generava incomoditat moral i un fort sentiment de provisionalitat. El poema “Calle de la Bailía, número uno”, d’El mar, desde la playa (1999), rememora aquell entresòl: la guerra, la por, la fam i la sensació d’una vida interrompuda.
CALLE DE LA BAILÍA, NÚMERO UNO
1
Era la casa. La calle. El número.
Entresuelo. Cerca de la acera.
Avell, que era un gato enorme
de color avellana, se fue antes
que ellos, que nosotros.
Era la casa. Y alguien que escribía
-muchachita aprendiza de mujer,
mujer que regresaba y no sabía apenas
de qué vuelo venia- mensajera,
amanuense,
hablándose en silencio a la distancia.
7
La noticia tardó en llegar. Un día
la palabra se hizo
noche cerrada: desaparecido.
La niña se marchó. Todos se fueron.
Y allí queda la casa
que he visto ayer
y guarda aún la vida
interrumpida, la amputación,
el embrión del futuro
inabarcable, incrustado en paredes
que persisten.
La casa. El entresuelo
tan cercano a la acera,
que la calle, poniéndose a menudo
de puntillas, ¿recordáis?,
muchas veces
subía a visitarnos.
