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IGLESIA PARROQUIAL DE SAN ANTONIO ABAD

  • SAGUNTO, 188
  • 46009 VALENCIA
  • Teléfono: 96.366.16.04

Iglesia Católica.

HISTORIA:

La Compañía Hospitalaria de San Antonio Abad era una orden Religiosa dedicada al cuidado de enfermos, autorizada en 1228 por el Papa Honorio III. En 1276 ya se habían introducido en el Reino de Valencia y en 1313 dicha orden adquirió unas tierras extramuros de la ciudad, en el desvío del camino dels Serrans a Murviedro, en el caserío del Orriols, para levantar un hospital y una pequeña ermita de la que no quedan restos en la actualidad.
El hospital y convento de los antonianos se convirtió en lugar de paso a la ciudad, creciendo extraordinariamente su popularidad por el hecho de haber sido favorecida la orden con donaciones y prebendas, así como por la designación de San Antonio Abad como patrono de las Asociaciones de huérfanos y del gremio de Teixidors y Coeters.
Con el auge económico de Valencia, creció el esplendor del convento, el cual construye, entre 1476 y 1492, una iglesia gótica que sigue el modelo gótico-languedociano "de reconquista" y cuyos caracteres son: nave única rectangular, cubierta a dos aguas sobre arcos "diaframáticos" apuntados y techumbre de parhilera sobre el trasdós de los arcos y almizate mudéjar.
Entre 1756 y 1768 se reestructuró el edificio con un revestimiento neoclásico realizado por Fray Francisco de Santa Bárbara, autor asimismo del presbiterio de San Miguel de los Reyes. En 1787 Pío VI suprime la Orden, Carlos IV la expulsa de sus reinos y el edificio queda abandonado hasta 1805 en que los Padres Dominicos de San Onofre lo compran designándolo como casa de San Antonio y San Onofre hasta 1835 en que lo abandonan; el convento y la iglesia entran en el proceso desamortizador por lo que el Estado se incautó sólo del convento, el cual fue vendido a particular en 1836, de quienes lo adquirirán las monjas canonesas de San Cristóbal en 1837.
La iglesia, que pertenecía al arzobispado, perdió parte de la techumbre a causa de un derrumbe acaecido en 1863, dejando al descubierto la bóveda gótica. Las monjas lo restauraron y ampliaron con un patio neoclásico de dos plantas, adosado al templo.
En 1899 lo venden a la Congregación Salesiana que adapta el convento para establecer una escuela de niños, levantando una nueva planta sobre las dos primitivas del claustro.
Dedicada a almacén durante la guerra civil, fue restituido como colegio al regresar los padres salesianos, fecha en que fue constituida la iglesia como parroquia.
De la primitiva iglesia gótica restan cuatro arcos diafragmáticos enmascarados por el revestimiento neoclásico y visibles solamente a una altura de 4 metros, pues el arranque y la línea de impostas quedan ocultos. Estos arcos están absorbidos en la fábrica de la iglesia y dispuestos a lo largo de la nave central, resaltando el material constructivo a base de sillares de piedra procedente de Godella, Moncada y Burjasot. También se conservan lo huecos transversales entre los arcos, lo cual hace pensar que debieron existir capillas laterales que se abrían a la nave central también por medio de arcos apuntados, sobre los que se levantaba el muro que cerraba la nave central y el cual se halla decorado con pinturas. Estas son de carácter popular representando a santos y prelados, y pueden fecharse en los siglos XVI-XVII.
La cubierta primitiva, que aun persiste detrás, encima, de la falsa bóveda neoclásica, es apiñonada a dos aguas, de madera, enriquecida por un vistoso almizate sostenido por una combinación de leños de origen hispano-árabe que se denomina modillón-canecillo.
Los cuatro arcos forman entre sí, por encima de la falsa bóveda, a modo de tres desvanes que tiene por cielo el maderamen de la antigua cubierta mudéjar, en sus tres zonas -por tramos- de las cuales la primera está restaurada o remozada y presenta unas pinturas de factura mejor que todas las restantes. En la segunda se conserva toda la cubierta primitiva, aunque se encuentra en franco hundimiento; la tercera es la que mejor conservada se halla y presenta la típica cobertura en forma de artesa invertida.
La decoración de la cubierta de madera obedece al influjo mudéjar, al igual que en todas la iglesias levantinas de Reconquista. Se trata de una pintura al temple en los tableros intermedios utilizando la técnica de trepa que reproduce motivos heráldicos y flores con colores.

La parte hoy visible de la iglesia es una fábrica neoclásica obra del citado Fray Francisco de Santa Bárbara, para lo cual se utilizó la primitiva iglesia como nave central, construyendo una falsa bóveda bajo el intradós de los arcos apuntados; la cúpula del crucero, el presbiterio y la torre fueron construidos de nueva planta, ampliando el primitivo recinto.
En conjunto forma una nave de cinco tramos con crucero y cabecera rectangular, cuyo cascarón, así como las pechinas de los arcos torales, están decorados al fresco. La cúpula sobre pechinas posée una serie de amplios lunetos con enmarcadura barroca terminada en frontón abierto y cimacio curvo, y exhibe decoración sobre los casetones que decoran los arcos de sostén.
Toda la decoración interior obedece al estilo corintio, con pilastras estriadas y capiteles de acanto sobredorados.
Los frescos de las pechinas y la cúpula son atribuidos por Orellana al pintor Francisco Bru, teniente honorario de pintura en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Antonio Beltrán los atribuye a un discípulo de Vicente López apoyándose además en el hecho de que Bru y López era coetáneos y ambos miembros de la citada Academia.
Estas pinturas representan las efigies de los patriarcas anacoretas; en el presbiterio hay una gloria presidida por el Padre Eterno sobre nubes y ángeles, bajo la que se dispone la imagen de Cristo con los Apóstoles en la Cena. A la derecha, los sacrificios del Antiguo Testamento representados por varios sumos sacerdotes que rodean el altar de los holocaustos y, a la izquierda, la Virgen María ofreciendo las tórtolas en el Templo, Moisés en el Monte Sinai con las Tablas y el sacrificio de Isaac.
El altar mayor aparece encuadrado por un templete clasicista rematado por frontón, flanqueado a los lados por dos figuras de ángeles con las alas desplegadas, obra del escultor Ramón Granell. La imagen de San Antonio Abad, labrada en madera policromada, en sustitución de la antigua, situase en la correspondiente hornacina, siendo obra del escultor José Pérez Gregori.
Los altares del crucero están dedicados a María Auxiliadora y a San Juan Bosco, siendo las respectivas imágenes, de talla policromada, de los escultores Carmelo Vicent y José Arnal. El tercer altar del lado de la Epístola está dedicado a San José, en tanto los otros dos huecos de capillas de ese mismo lado y los tres del lado opuesto carecen de los correspondientes altares.
La capilla de la Comunión es una estancia de forma de planta de cruz griega cuya intersección o transepto se cubre mediante cúpula sobre pechinas, decoradas con determinados símbolos en relieve dorado. Preside el altar central una imagen de la Virgen del Rosario, tallada después de la guerra, como las restantes, y de la que es autor Vicente Bellver. En esta misma capilla se veneran sendas imágenes del Sagrado Corazón y de Cristo en la Cruz, imagen esta última de José María Ponsoda.
La sacristía es un recinto de planta rectangular, abovedado, a tono en su estilo con el revestimiento general neoclásico del templo, entre cuyo crucero de la derecha y el presbiterio se sitúa. La imagen procesional de María Auxiliadora, es obra del escultor Vicente Bellver.
A los pies de la iglesia, sobre la fachada, en el nicho superior existió una imagen del titular atribuida por Orellana a Esteve pero que hoy está sustituida por una copia.



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